Antes de leer este artículo conviene dejar sentado algo que algunos prefieren no escuchar: León XIV no fue a Canarias a justificar la inmigración irregular, a bendecir el efecto llamada ni a pedir que las fronteras desaparezcan. Quienes esperaban —o temían— que su visita se convirtiera en un mitin por la migración indiscriminada se equivocaban en ambos casos: los que lo esperaban con entusiasmo ideológico y los que lo temían con alarma política. Lo que el Papa hizo fue exactamente lo contrario de romantizar la migración: denunció con dureza las causas que la generan, las mafias que la explotan, los gobiernos que la propician con su corrupción y una Europa que la instrumentaliza según le conviene políticamente. Eso no es un efecto llamada. Es un examen de conciencia global que incomoda a todos por igual, que es precisamente la señal de que es verdadero.
Autor: Jesús María Silva Castignani
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