La promesa de crear relaciones estables parece tener, de raíz, una base precaria, por responder, a menudo, a un mero sentimiento, sometido a los vaivenes del tiempo y del estado anímico de cada persona. De ahí la tendencia actual a pensar que toda promesa es, de por sí, efímera, que significa etimológicamente «cosa de un día». ¿Tiene sentido hacer una promesa sin conocer de antemano los cambios que puede experimentar nuestra sensibilidad a través de los años?
La firmeza singular de las promesas
En una promesa firme, dos o más personas quedan interiormente vinculadas. ¿Qué solidez tiene esta vinculación? ¿Podrá resistir el paso del tiempo y los vaivenes del sentimiento? Una experiencia juvenil me da pie a la esperanza.
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Autor: Alfonso López Quintás
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