El Cuerpo de un cristiano, desde que recibió el Bautismo, es Templo de Dios, y se puede profanar cometiendo pecados de impureza. La sexualidad es un regalo que Dios ha dado, por eso, se tiene que vivir la santa pureza, es decir, la virtud de la castidad. A través de su mandamiento, pide no cometer actos impuros y vivir la sexualidad con dignidad.
El sexto mandamiento de la Ley de Dios prohíbe todos los pecados contrarios a la castidad. También toda acción, mirada o conversación contrarias a la castidad. Los pecados contra la pureza, cometidos con pleno conocimiento y consentimiento pleno, son siempre graves.
Los principales medios para guardar la santa pureza son: la oración, la confesión y la comunión frecuentes, la devoción a la Santísima Virgen, la modestia y la guarda de los sentidos y la huida de las ocasiones de pecar, como conversaciones, miradas, lecturas,…
Autor: redaccioninfovaticana
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