«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?». La pregunta de Jesús conserva una fuerza incómoda. No se refiere solo a quien carece de luz en los ojos, sino a esa ceguera más profunda que impide reconocer la realidad moral: la del hombre que pretende conducir a otros sin haberse dejado corregir; la de quien denuncia siempre la falta ajena y no advierte la herida que lleva dentro; la de quien se cree juez de la historia sin asumir que también necesita ser salvado.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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