Una de las primeras cosas que reclamó León XIV desde el comienzo de su pontificado fue la unidad. Es un empeño no sólo personal sino un requerimiento divino, para “que todos sean uno”, que se plantea como urgente para la vida de la Iglesia y para que los frutos del Concilio Vaticano II se expandan por todos los rincones de la tierra.
Autor: Domingo Aguilera Pascual
Los 12 pasos que nos llevan a la esclavitud del orgullo, según San Bernardo
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¿Qué hay de ti y de mí? ¿Has muerto al pecado? ¿Vives para Dios? ¿Persigues la santidad? ¿Estás rezando íntimamente todos los días? ¿Proclamas el Evangelio? Estas son algunas de…



















