La reacción de la Iglesia, a través de la Diócesis de Córdoba, tras el grave accidente ferroviario de Adamuz ha sido rápida y visible en el plano institucional y asistencial. El obispo, monseñor Jesús Fernández, ha expresado públicamente sus condolencias y su cercanía a las familias de los fallecidos y a las personas heridas, y la parroquia de San Andrés ha mantenido sus puertas abiertas para acoger a los afectados. Se han habilitado espacios de apoyo, se han destinado víveres para las primeras necesidades y numerosos vecinos y feligreses se han volcado durante la noche para preparar la acogida, encender estufas y organizar ayuda desde las dependencias parroquiales y municipales.
Todo ello es positivo y necesario, y muestra una Iglesia próxima al territorio. Sin embargo, en una tragedia con heridos graves y con fallecidos, resulta inevitable señalar una carencia…
Autor: Redacción
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