Un fariseo invita a Jesús a comer y se escandaliza porque no ha realizado las abluciones rituales antes de sentarse a la mesa. La respuesta del Señor, en Lucas 11, 37-41, no ataca la Ley ni la higiene, sino una religión que se tranquiliza con lo exterior y olvida aquello que Dios mira primero: el interior de la persona, su relación con los bienes y su modo de tratar al prójimo.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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