Fuimos creados para la eternidad; sin embargo, ante los placeres terrenales, olvidamos fácilmente que la verdadera vida se encuentra después de la muerte.

Redacción (03/08/2025 12:49, Gaudium Press) «Aspiren a las cosas celestiales, no a las terrenales», dice San Pablo (Col 3,2). De hecho, la liturgia de este 18.º Domingo del Tiempo Ordinario nos enseña a atesorar en el cielo, pues las riquezas de este mundo no valen nada comparadas con la felicidad eterna reservada a quienes «han alcanzado las cosas de arriba» (Col 3,1).
Una petición peculiar, reflejo de una mentalidad
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El Evangelio comienza con una escena peculiar. Nuestro Señor se dirigía a Jerusalén y alguien de la multitud le hace una petición. ¡Qué gracia poder hablar con el…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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