Y, de pronto, el mundo entero está vuelto hacia la Iglesia.
La Iglesia de Jesús, que inició cuando una pequeña joven dijo «Sí» a la invitación del Ángel de permitir la encarnación de todo un Dios en su seno.
La Iglesia, la que comenzó a manifestarse cuando el Verbo encarnado convocó junto a sí a un puñado de hombres y mujeres -humanamente hablando- insignificantes. La que albergó desde sus inicios la perfecta santidad de María, la fragilidad de los discípulos y la traición de Judas.
Sí, la Iglesia, que en un plano más profundo -el del misterio, oculto a los sentidos- brotó, cual nueva Eva, del costado del Nuevo Adán dormido en la Cruz… y que en Él -su Cabeza- y en su Madre, Asunta a los Cielos, está ya glorificada perfectamente, mientras peregrina aún en la historia.
Es la Iglesia de Jesús de Nazareth, uno de la Trinidad, enviado por el Padre y…
Autor: Leandro Bonnin
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