Hace unos días, en un hotel cualquiera —de esos que no dejan recuerdo alguno salvo la temperatura inexplicablemente incómoda y la sensación de ser todos bastante parecidos— observaba a un hombre completamente absorbido por un problema aparentemente menor: la wifi no funcionaba como debería. No había urgencia real, ni drama visible, ni nada que justificara una preocupación seria, pero su expresión era la de alguien al que le hubieran estropeado algo importante. Y mientras lo veía, pensé que quizá ahí, en esa desproporción tan cotidiana, se esconda una de esas pequeñas pistas que explican mejor la vida moderna que muchos discursos más solemnes.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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