Al tirano Daniel Ortega le importa menos y nada la suerte de los más necesitados. Desde que las monjas misioneras del Instituto de los Pobres de Jesucristo, una orden femenina brasileña, fueron expulsadas de Nicaragua el pasado 3 de julio, los indigentes a los que ayudaban en las calles de León pasan hambre. Nadie entiende por qué no se les permitió seguir trabajando en el país centroamericano.
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