Entre los millones de moléculas que dan forma a nuestro cuerpo, hay una que parece haber sido diseñada para recordarnos el misterio que lo sostiene todo. Se llama laminina, y sin ella ningún organismo multicelular podría existir.
Los científicos la describen como una proteína de adhesión, encargada de unir las células entre sí y mantener cohesionados los tejidos. Es el “andamio” invisible que da consistencia a la piel, a los órganos, a los músculos. Allí donde hay vida organizada, hay laminina.
Y su forma —como si la naturaleza hubiera querido dejar una firma— es la de una cruz. Tres brazos cortos y uno largo, entrelazados en el centro, sosteniendo el tejido de la creación.
No es metáfora ni devoción piadosa: así se ve al microscopio electrónico. La cruz de la laminina literalmente mantiene unidas nuestras células, hace posible la respiración, la…
Autor: INFOVATICANA
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