“Todos los hombres desean por naturaleza saber”, recuerda Ignacio M. Azcoaga Bengoechea citando a Aristóteles al explicar qué le llevó a dedicar años a estudiar el origen del universo. En su último libro, este pensador laico dialoga con las cosmogonías presocráticas y con los astrofísicos modernos, lee el Big Bang a la luz del “Fiat lux” y se adentra en la fina discusión entre santo Tomás de Aquino y san Buenaventura sobre la eternidad de la creación. Frente al tópico de que “la ciencia ha sustituido a Dios”, reivindica la justa autonomía de las realidades terrenas, la autoridad del Magisterio y la fuerza de una fe que da más certeza que la razón y sin la cual, como enseña Gaudium et spes, “la criatura sin el Creador se esfuma”.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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