Por Elizabeth A. Mitchell
Apurados, con la vista fija en nuestros teléfonos móviles, nos hemos convertido en una sociedad que ya no sabe mirar. Preferimos los mensajes de texto al contacto visual, la realidad virtual a la realidad tangible.
Nos hemos vuelto inmunes a nuestro entorno, insensibles a la belleza que tenemos delante. Pero esta incapacidad de ver nos empobrece tanto individual como colectivamente.
Cruzando el London Bridge, por ejemplo, T.S. Eliot observó —canalizando a Dante— “No pensé que la muerte hubiera deshecho a tantos” (The Wasteland), describiendo a almas espiritualmente muertas.
La obra de arte no está muerta, la música sagrada no está muerta, la arquitectura no está muerta. ¡Somos nosotros los muertos!
Cuando ardió la catedral de Notre Dame de París, el mundo lloró la pérdida de un ser vivo y palpitante. Nuestra pena colectiva nos…
Autor: The Catholic Thing
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…
Adoración Perpetua: Qué es y por qué cambiará tu vida
La adoración perpetua o eucarística es un método de oración personal profunda que durante siglos muchos santos han recomendado practicar. Sigue leyendo este artículo para que conozcas más detalles que…
Existencia de DIOS: 16 Pruebas irrefutables (e innegables)
Recopilación de 16 pruebas empíricas y científicas de la existencia de Dios. ¿Existe Dios? ¿todo ha sido creado por casualidad? La existencia de un Creador es un tema del que…

















