En el vasto tapiz de la historia, hay figuras que, como hilos de oro, brillan con luz propia, dejando una huella imborrable en el devenir de los siglos. Una de ellas es Helena, la madre del emperador Constantino, una mujer cuya vida se entrelaza con el destino del Imperio Romano y el nacimiento del cristianismo como religión universal. A menudo recordada como la santa que descubrió la Vera Cruz, su historia va mucho más allá de la leyenda, tocando los límites del poder, la fe y la maternidad en un mundo convulso.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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