Nacido en Madrid en una familia católica, José María -o el padre Chema, como le conocen- recuerda su infancia como «el niño mimado» de sus dos hermanas. Fue a colegios católicos, tuvo una infancia feliz en familia, pero con la adolescencia y su entrada a un instituto sin educación religiosa, cambiaron sus hábitos, sus compañías y su misma fe.
Recuerda que entonces toda su vida giraba en torno a un grupo de amigos unidos, en un principio, por diversos géneros del metal. La relación pronto derivó en frecuentes actos de vandalismo, destrozos y consumo de drogas.
Al principio era poca cosa. Quemaban contenedores, corrían para no ser descubiertos… Chema tardó en comprender que solo buscaba «desfogar algo que estaba buscando«. Pero entonces era su vida, en detrimento de una fe cada vez más menguada.
«Me planteaban preguntas sobre Dios y me di cuenta de que no tenía…
Autor: ReL
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