El mal llamado «funeral de Estado» en Valencia por las víctimas de la dana nos ha dejado imágenes vergonzosas. Una clase política que ya no sabe rezar aparentando solemnidad entre discursos vacíos y silencios burocráticos. Una catequesis laica que nos ha recordado que donde no está Dios no hay esperanza. Solo la nada. No hay sentido. No hay consuelo. Digo que a estas cosas no hay que llamarlas «funeral» porque son más bien un «recuerdo», un juntarse porque creemos que hay que hacerlo aunque ya no creemos en nada trascendente. Un funeral es para rezar y dar esperanza no para quitarla.
Autor: Francisco Javier Bronchalo
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