El seno de Abraham[1]
En los tres primeros artículos de la primera cuestión del Tratado de los Novísimos, el último de la Suma teológica, santo Tomás se ocupa del lugar de las almas después de la muerte de una manera general, en el cuarto comienza a precisarlos. El primero es el denominado «seno de Abraham»[2], expresión rabínica, que aparece en el Evangelio, en la parábola del rico avariento y el mendigo Lázaro.
Con los padres de la Iglesia, Santo Tomás lo identifica con el limbo de los justos o limbo de los padres. Lo prueba con el siguiente argumento: «Las almas de los hombres no pueden llegar al descanso, después de la muerte, sino por el mérito de la fe, porque «ha de creer quien se acerca a Dios» (Heb 11, 6). Mas como en Abraham se da el primer ejemplo en creer, pues fue el primero que se separó de la muchedumbre de los infieles y recibió una señal…
Autor: Eudaldo Forment
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