Hay momentos en la vida que nos dejan sin aire. No hablo de un mal día, sino de esas grietas profundas que nos obligan a mirar dentro de nosotros mismos: un duelo que no cede, la ansiedad que nos atenaza, la pérdida que parece demasiado grande para soportar. En esos instantes, la fe no aparece como una solución mágica, pero sí como un refugio donde sostenerse mientras buscamos ayuda.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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