En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando:
«¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra.
Porque no reconociste el momento de mi venida.»
Señor Jesús, ¿también por mi tendrás que llorar? Conoces mi vida pasada y presente y en cuántas ocasiones he caminado contra tu voluntad.
Quiero derramar las lágrimas que te muestren mi dolor de haberte ofendido, y te pido el llanto espiritual que me aparte de volver a ofenderte.
Quiero unirme a tu dolor por todos los que no reconocen tu venida, tus dones, tu redención. Líbranos, Señor Jesús,…
Autor: ReL
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