La muerte de la joven Noelia invita, desde luego, a hacer muchas reflexiones. Resulta demasiado evidente que era una persona despedazada por el sufrimiento; y resulta también demasiado evidente que una persona que ha padecido tantas desgracias seguidas no puede ser enteramente libre. Pero lo cierto es que Noelia no era ninguna excepción, pues todas las personas que recurren a la eutanasia –como, en general, las personas que se suicidan– son personas ofuscadas por el dolor, inducidas por el dolor o siquiera merodeadas por el dolor. Y el dolor siempre envenena y oscurece la razón, desfigurando la libertad humana. Llama la atención que una época tan proclive a juzgar los comportamientos criminales, considerando todo tipo de ‘circunstancias ambientales’ –desde la pobreza hasta el llamado ‘género’– que coartan o desfiguran la libertad, sostenga en cambio que una persona…
Autor: Juan Manuel de Prada
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