Marsella – Frente a las multitudes de migrantes que intentan llegar a Europa, se cierran los puertos y se alimentan «los temores de la gente», hablando de «invasión» y «emergencia». Pero «quien arriesga su vida en el mar no invade, busca acogida, busca vida». El fenómeno migratorio no es «una urgencia momentánea, siempre oportuna para agitar la propaganda alarmista, sino una realidad de nuestro tiempo», un proceso «que debe ser gobernado con sabia clarividencia». Desde Marsella, la cual ha definido como «capital de la integración de los pueblos», el Papa Francisco ha vuelto a examinar, con un realismo lúcido alimentado por la fe, los dramas y urgencias relacionados con el éxodo de migrantes que tiene como epicentro el mar Mediterráneo, ese Mare Nostrum con «sus riberas rezumantes de opulencia, consumismo y despilfarro, por un lado, y de pobreza y precariedad,…
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