“’Padre, si quieres, aparta de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’. Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra”. Así recogió el evangelista San Lucas uno de los momentos más duros e impresionantes que padeció Jesús poco antes de morir. Tanto que llegó incluso a sudar sangre.
Esto ocurrió en el huerto de Getsemaní, donde hoy se levanta la basílica de las Naciones que guarda la Custodia de Tierra Santa y que se alza en la ladera del monte de los Olivos en Jerusalén. Y precisamente, este lugar está directamente vinculado a la fiesta de la Preciosísima Sangre de Cristo que se celebró este pasado 1 de julio y que en realidad se extiende a todo este mes.
De este modo, se ha aprovechado esta festividad…
Autor: ReL

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