Habida cuenta de que somos cuerpo y alma, y de que, aunque ambas cosas sean diferenciables, se encuentran íntimamente unidas (hasta el punto de que están hechas para pervivir la una con la otra), considero que algo similar ocurre con la religión y la psicología: son esferas distintas, pero se encuentran estrechamente interrelacionadas y, por consiguiente, se influyen entre sí de manera decisiva, como dos ramas vigorosas del mismo fresno o como dos afluentes caudalosos de un río común.
Autor: Ignacio Crespí de Valldaura
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