Te irrita el sonido de su trompeta, a pesar de que siempre coloca una tela gruesa en la campana a modo de sordina. Su trabajo en la banda municipal le obliga a ensayar a diario, aunque para él es más que un trabajo, es su pasión. Aprendió a tocar «desde siempre», como le gusta decir. Trató de inculcarte su amor por ella, pero sus intentos sólo han conseguido aumentar tu aversión al instrumento. Tú quieres una vida distinta, y la trompeta no forma parte de ese horizonte. Ni la música, ni esas fanfarrias pedestres que sólo te generan hastío.
Autor: Jorge Urbiola
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