Circula por las redes el escrito de un joven que a los veintiún años se niega a trabajar acusando a sus padres que no le preguntaron antes de nacer si él estaba de acuerdo y, por lo tanto, son los progenitores quienes deben hacerse cargo del mantenimiento de su existencia.
Empieza a quedar lejos la cultura de que el trabajo es la única forma honrada de generar riqueza e incluso, un elemento de realización personal y solidaridad social. San Pablo llegó a decir “quien no trabaje que no coma”.
El sentido del trabajo ha sufrido una profunda transformación en una sociedad líquida, post cristiana. A ello ha contribuido la aceleración histórica, el desarrollo tecnológico y sin duda la Inteligencia Artificial. A pesar de lo cual, el trabajo siempre será una actividad netamente humana y vinculada a la educación como instrumento que capacita a la persona para ejercerlo.
Uno…
Autor: Por mí, que no quede
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