Ayer analizábamos un texto de José Pedro Manglano que, envuelto en lenguaje piadoso y emotivo, deslizaba una idea inquietante: un Cristo ofrecido, disponible, sin derechos, casi suplicante ante el hombre. Hoy toca dar un paso más y mirar el problema de fondo. Porque Manglano no es una anomalía. Es un síntoma.
El problema no es Hakuna. El problema es el tipo de joven católico que Hakuna produce, celebra y confirma.
Un joven que ha interiorizado —sin que nadie se lo haya explicado así, pero con total claridad práctica— que en el cristianismo contemporáneo es Cristo quien debe adaptarse al hombre, y no el hombre quien debe convertirse y seguir a Cristo.
El giro silencioso
En el Evangelio, el esquema es siempre el mismo: «Ven y sígueme». Cristo llama, el hombre deja. Redes, barca, mesa de impuestos, seguridad, reputación. Todo.
En el cristianismo emocional de hoy, el…
Autor: Carlos Balén
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