Corinto era, en tiempos de San Pablo, algo así como Las Vegas hoy en día: la ciudad del pecado pero, especialmente, la ciudad del pecado contra la pureza.
Por eso San Pablo predicó tanto y tan fuerte allí contra el pecado de la lujuria; porque el predicador sagrado debe predicar toda la doctrina católica y no esconder algunas por ser políticamente incorrectas.
Hoy, en la primera lectura, leemos cómo Abraham le ruega a Dios que, por el pecado de Sodoma y Gomorra, al menos deje libres a los pocos justos que allí habían, aún si fueran apenas 10.
Autor: Javier Olivera Ravasi
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