Durante el pontificado de Francisco se instaló en el imaginario católico una idea reduccionista del compromiso social. Sus mensajes a políticos y responsables públicos parecían girar de forma obsesiva en torno a un único eje: la acogida de migrantes y refugiados. Aunque el tema es legítimo y urgente en muchos contextos, la forma en que se presentaba transmitía la sensación de que el católico, a nivel social, sólo estaba interpelado a abrir su casa al refugiado, como si todo lo demás quedara en segundo plano. Problemas tan palpables como la inseguridad en los barrios, la delincuencia, el tráfico de drogas o la erosión de la convivencia quedaban fuera del horizonte del discurso pontificio, como si no merecieran una palabra explícita de la Iglesia.
Esa visión parcial dejó una impronta fuerte: muchos fieles percibieron que el único mensaje social de la Iglesia era…
Autor: INFOVATICANA
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