Algunos lo empezaron a experimentar el mismo Miércoles de Ceniza. Ese día, Benoist de Sinety, párroco de Saint Eubert en Lille (al norte de Francia), contó en la iglesia hasta 800 personas por la mañana y más de 1300 por la tarde. «¡Y era en plenas vacaciones escolares! ¡Pensábamos que estarían vacías!», declara con una satisfacción que el propio diario Le Monde califica como «entusiasmo».
Autor: C.L.
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