Estuve enfermo. Así de taxativo lo dijo, mientras todos alrededor se miraban unos a otros sin saber qué decir. Pero luego redondeó todavía más una extraña lista de cosas que a todas luces resultaban incomprensibles. Era una retahíla de desgracias encadenadas unas con otras como quien relata sus desventuras en una película de miedo. Estuve enfermo. Esta era la realidad. Y ¿de qué enfermedad? Entonces él dijo: de todas. Porque toda dolencia que sufra cualquier persona me duele a mí también. La mirada de aquellos contertulios albergaba su pregunta secreta que nadie se atrevía a formular. Todos quedaron en vilo ante lo que no sabían por dónde podría llegar ni en qué consistiría.
Autor: Monseñor Jesús Sanz Montes
Encontraron en Dios, la libertad y paz interior que tanto necesitaban
Los mensajes de Dios llegan en el momento menos esperado. Aunque muchas veces, hemos escuchado historias de conversión precedidas por fuertes acontecimientos, como accidentes o enfermedades, también existen conversiones, gracias…
Los beneficios de la oración
“Más que nada, la oración te permite echar un vistazo a tu interior y alinearlo con el corazón de Dios. La oración no es un monólogo en el cual nos…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…


















