Andar tras las pisadas del Señor nunca es fácil. Seguirle implica negación de sí mismo y sostener la cruz que tanto pesa. Además, implica, con frecuencia, soledad. Los cristianos actuales nos sentimos solos. La sociedad nos ignora o nos repudia, porque no damos importancia a sus objetivos. Nos sentimos distantes entre nosotros, porque hemos sido atacados por otros cristianos. Vivimos temerosos de tomar cualquier mano que se ofrezca como ayuda. Hemos recibido muchos golpes y eso nos hace temer. Tenemos miedo, desesperación y recelo. Nos falta esperanza y fe (confianza). Las misas van quedándose sin fieles, poco a poco. La razón es evidente. Ya no entendemos ni sentimos lo que en la misa ocurre. Creemos en Dios, pero cada vez más lo sentimos distante e indiferente. San Jerónimo, ve claro hacia dónde nos dirigen nuestros pasos actualmente:
Esto que dice: «El que lee entienda», se…
Autor: La divina proporción

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