Ha bastado una frase, un simple rasguño en la epidermis de su piedad de felpudo, para que los beatos de sacristía y los teólogos de salón que rondan por aquí pongan el grito en el cielo y lleven sus manos perfumadas a la cabeza. Se escandalizan, los miserables, porque osé escribir que Cristo perdió la razón ante el terror sangriento de Getsemaní. Les repugna la sola noción de que el miedo -ese monstruo negro de garras heladas que atenaza las entrañas del mundo- haya paralizado el alma del Hijo de Dios hecho hombre en la noche del Huerto.
Autor: Francisco Segarra
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