En el corazón del cristianismo late una frase que Cristo pronunció en el Cenáculo y que la Iglesia repite cada día en el altar: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros». Con esas palabras, el Hijo de Dios se convierte en Víctima voluntaria, se ofrece al Padre y, al hacerlo, rompe para siempre el poder de la muerte. Su cuerpo entregado y su sangre derramada no son tomados por la fuerza: son donados por amor. Y ese don, repetido sacramentalmente en la Misa, es la fuente de toda gracia, de toda salvación, de toda vida verdadera.
En las clínicas abortivas de todo el mundo resuena, casi como un eco infernal, la misma fórmula, pero invertida: «Es mi cuerpo». El lema del movimiento abortista global no es una casualidad ni una simple coincidencia verbal. Es una parodia deliberada, una contra-consagración. Donde Cristo dice «esto es mi cuerpo entregado por…
Autor: INFOVATICANA
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