En el corazón del cristianismo late una frase que Cristo pronunció en el Cenáculo y que la Iglesia repite cada día en el altar: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros». Con esas palabras, el Hijo de Dios se convierte en Víctima voluntaria, se ofrece al Padre y, al hacerlo, rompe para siempre el poder de la muerte. Su cuerpo entregado y su sangre derramada no son tomados por la fuerza: son donados por amor. Y ese don, repetido sacramentalmente en la Misa, es la fuente de toda gracia, de toda salvación, de toda vida verdadera.
En las clínicas abortivas de todo el mundo resuena, casi como un eco infernal, la misma fórmula, pero invertida: «Es mi cuerpo». El lema del movimiento abortista global no es una casualidad ni una simple coincidencia verbal. Es una parodia deliberada, una contra-consagración. Donde Cristo dice «esto es mi cuerpo entregado por…
Autor: INFOVATICANA
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Encontraron en Dios, la libertad y paz interior que tanto necesitaban
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Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…


















