Nos hemos despedido de don Rafael con una cena de picoteo. Aunque estaba agotado por el horario de Misas que tiene que atender (la primera a las 6 de la mañana durante la novena a la Virgen) aceptó sin dudarlo.
Es un sacerdote que profesó siendo ya maduro. Su vocación fue muy temprana, pero pospuso sus deseos para poder atender a su padre viudo, pues don Rafael es hijo único. Muchos años de vida profesional y personal en «el mundo» como se decía antes, con un trabajo bien pagado, un tren de vida alto, muchas amistades. En cuanto murió su padre cambió todo eso por una vida austera y entregada.
Desde su llegada las dos iglesias del pueblo están siempre abiertas. Es reconfortante poder entrar a cualquier hora del día, aunque sean cinco minutos. Antes pasabas por delante y las puertas cerradas a cal y canto transmitían una frialdad desconcertante. El antiguo párroco…
Autor: Carmen Cabeza
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