El divorcio es una lacra social que genera mucho dolor, mucho sufrimiento, no solo en los cónyuges divorciados, sino aún más en los hijos (que tienden a volverse problemáticos, sobre todo si les pilla de niños o adolescentes, a fallar en los estudios, a tener conductas alteradas). Genera también mucho sufrimiento en suegros, amigos y, a menudo, también en la economía de los divorciados. El divorcio, básicamente, es un mal. No se puede dejar por ley la puerta abierta a escapar, porque una puerta abierta será casi seguro una puerta usada, más tarde o más temprano. En efecto, la vida es lo bastante larga como para que vengan cansancios, hastíos, tentaciones… que nos interpelan a luchar, no a dejarse vencer por lo fácil y romper de manera irresponsable una familia.
No comprendemos de modo suficiente que casarse es algo muy serio, que hay que pensárselo muy bien, que los…
Autor: Miguel Ángel Irigaray Soto

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