Nos quejamos de la monotonía con una disciplina casi monástica. La vida es repetitiva, previsible, plana. “Necesito un cambio”, decimos con convicción. Y, sin embargo, cuando el cambio aparece —en forma de mudanza, giro profesional, ruptura de etapa o simple sacudida interior— activamos un mecanismo de defensa sorprendentemente sofisticado para conservar exactamente aquello que ayer nos pesaba. Queremos novedad, pero sin sobresaltos. Transformación, pero sin desorden. Renovación, siempre que no implique mover los muebles del alma.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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