Durante los últimos años se ha repetido una frase que ha ido calando en el lenguaje de tertulias, redes sociales y debates: “El dato mata al relato”. Suena contundente, casi definitiva. La frase tiene algo de tranquilizador porque nos recuerda que, por más discursos que se construyan, hay una realidad dura y objetiva que al final se impone. El dato sería la prueba irrefutable, la evidencia que no admite interpretación, mientras que el relato sería la historia que alguien cuenta, siempre subjetiva, parcial, sesgada.
Autor: Jesús María Silva Castignani
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