El período de ‘sede vacante‘ que se inició con la muerte de Francisco y ha concluido con la feliz elección de León XIV ha sido terriblemente torturante. Y no nos referimos a la natural zozobra que provoca contemplar siquiera por unos días la barca de Pedro sin timonel, sino a la súbita floración de vaticanistas improvisados que nos han apedreado con sus pronósticos turulatos y nos han pintado, con cuatro brochazos salerosos, el futuro de la Iglesia que sólo ellos avizoran.
Autor: Juan Manuel de Prada
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