¿A qué me refiero al hablar de la cadena del pecado? Lo primero es tener claro que el pecado es la negación de la Voluntad de Dios, anteponiendo nuestra voluntad humana. Lo interesante del pecado es que funciona como una cadena. Una cadena de metal con eslabones. Por una parte, la cadena nos esclaviza. Nos hace dependientes del engaño, las apariencias, la fuerza, la violencia y la mentira. Por otra parte, el pecado se reproduce pasando de una persona a otra. Cuando hacemos el mal a otra persona, el pecado intenta atar a esta persona con un nuevo eslabón de la cadena. Sólo si la gracia de Dios actúa en nosotros, rechazaremos unirnos a la cadena y perdonaremos de corazón el mal que nos han realizado. Para entender un poco más todo esto, podemos fijarnos en las tentaciones del Señor (Mt 4, 1-11). San Gregorio Magno nos habla de ello:
Hay otra cosa, que debemos considerar en la…
Autor: La divina proporción

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