«Si tú te haces cauce, Yo me haré torrente», aseguraba Santa Catalina de Siena, que le susurraba Dios al oído. Y, el filósofo Ortega y Gasset, completaba la idea: «Pero el río se abre un cauce y luego el cauce esclaviza al río».
Cualquier persona que desee construir una casa sabe que antes necesitará colocar unos andamios que le permitan llegar a las plantas de más arriba. Entendiendo, sin embargo, que el fin último de ese despliegue de barandillas, plataformas y anclajes es, únicamente, terminarla correctamente para que, un día, pueda ser habitada. Algo muy similar, se podría decir del mundo de la cocina, donde, para hacer un bizcocho, se necesitará, siempre, un buen molde, que impida que la masa, a lo largo de la mesa, se desparrame informe. Siendo consciente, ¡hasta el más cándido pastelero!, que cuando el horno haga su efecto, la horma, indefectiblemente, le será…
Autor: Juan Cadarso
Impresionantes evidencias de la presencia de Dios en el vino y el pan
Desde hace muchos años han ocurrido manifestaciones de Dios en el momento de la eucaristía. Se han desencadenado una serie de fenómenos, en diversos países de todo el mundo que…
Los 18 beneficios de asistir a la Santa Misa
La misa es el encuentro con Dios Nuestro Señor, pero no sólo con Él, también con nuestro interior, haciendo que mejoremos cada día más como personas. Este encuentro con Nuestro…
Comulgar en la boca en época de pandemia
Te queremos compartir este artículo del Padre Ángel María Rojas, S.J. escrito en agosto del 2020, donde nos explica cómo comulgar en la boca, sobre todo, en estos tiempos de…


















