He tenido un pequeño-gran percance médico. De esos que te dejan en evidencia ante la vida y, de paso, te recuerdan que el cuerpo tiene sus propios planes, normalmente distintos a los tuyos. Asustó más a los demás que a mí, aunque reconozco que hubo un instante en el que todo se fue a negro, como si alguien hubiera desenchufado el proyector. Silencio absoluto, pantalla en blanco… y allí estaba yo, sin diálogo, sin banda sonora, solo frente a ese misterioso “corte de emisión” que Dios a veces utiliza cuando quiere llamar tu atención.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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