Una parroquia de verano puede parecer, a primera vista, un lugar de paso: gente que viene y va, horarios ajustados, actividades reducidas, sensación de “modo vacaciones”. Y, sin embargo, precisamente en ese tiempo se juega mucho: para algunos será el único contacto con la Iglesia en todo el año, para otros una oportunidad de reavivar la fe, para la comunidad habitual un momento de descanso que puede convertirse en renovación. En este contexto, no hacen falta grandes proyectos para que una parroquia cambie; bastan pequeñas cosas, hechos sencillos, vividos con amor y continuidad.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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