Por Dominic V. Cassella
En las Historias de Heródoto, escritas en la década del 430 a. C., leemos acerca de un sabio filósofo y pensador político griego, Solón. Mientras viajaba, Solón conoció al rey de Lidia, Creso, conocido por su inmensa riqueza. Creso preguntó al filósofo qué pensaba de sus grandes riquezas y si tal abundancia significaba que él, Creso, era el hombre más feliz del mundo.
A esto, Solón respondió que se puede «no llamar feliz a ningún hombre hasta que haya muerto».
El punto de Solón es que mientras alguien viva, aunque hoy pueda ser feliz, las fortunas cambian, y se toman malas decisiones que pueden provocar la caída incluso del más próspero y poderoso.
Ahora debemos preguntarnos: ¿tenía razón Solón? ¿Solo a los muertos podemos llamar felices?
A esto, el cristiano responde «sí». Solo depende de cómo se esté muerto. Porque si estás
Autor: The Catholic Thing
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