Leo que un esquiador noruego, tras ganar una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno que acaban de celebrarse, se acercó a los micrófonos y cámaras que sostenían los periodistas congregados en la meta para pedir públicamente perdón a su novia, a quien unos pocos meses antes había engañado (entendemos que poniéndole los cuernos con otra mujer) y ante quien, apenas una semana antes de competir en los Juegos, había reconocido el engaño. Aunque en las crónicas periodísticas no quedaba del todo claro, daba la impresión de que la novia engañada no había perdonado su desliz, pues el esquiador lamentaba: «Tenía la medalla de oro en mi vida, y aunque sé que mucha gente verá las cosas de otra manera, yo solo tengo ojos para ella. El deporte ha quedado en segundo plano estos últimos días. Ojalá pudiera compartir esto con ella».
Autor: Juan Manuel de Prada
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