Me veo en la obligación de romper el silencio que prometí al señor director de este diario. Un silencio gozoso y esperanzado: uno ya no mira al pasado, ni se duele de los placeres idos y de las impotencias de la carne; ni se atormenta buscando volver a una luciferina eterna juventud. Tampoco rinde culto a un cuerpo cada vez más vulnerable y frágil. No, no. El único recuerdo que me hace llorar es el de mis pecados. Mi alegría, la del Cielo. Mi paz, la misericordia infinita del Buen Dios. Si una vida es poco para reparar, cuanto menos lo es una década de más o de menos. El mundo ha pasado con sus vanidades: humo perdido son los deseos, los proyectos, los logros, los seres queridos, ¿qué nos dio el mundo que no hayamos perdido? ¿Llorar perdidas? ¡No! Esperar las ganancias donde no hay gusano, ni polilla, ni herrumbre, ni miedo, ni odio, ni mentira, ni traición, ni…
Autor: La Columna del #CoronelPakez
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