La dignidad de la vida humana es uno de los pilares más profundos sobre los que se construye cualquier sociedad verdaderamente justa. No se trata de un concepto abstracto ni de una formulación meramente jurídica, sino de una convicción ética que reconoce en cada ser humano un valor intrínseco, independiente de su utilidad, de su estado de salud, de su edad o de sus circunstancias vitales. Cuando esta convicción se vive de manera coherente, se traduce en actitudes concretas de respeto, cuidado y solidaridad, especialmente hacia quienes sufren.
Autor: Ana del Pino
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