Mi hermana María no deja de cuidarme, a mí y a todos, y nunca me pide nada, ni a mí ni nadie. Así que, cuando sugiere una cosa, aunque ha tenido que insistirme bastante desde abril del año pasado, me pongo ahora mismo a hacérsela. Es mi estado general: en deuda. Casi todo el mundo me mima, me regala o me perdona mucho más que yo a ellos, y sólo tengo la escritura para nivelar la balanza. ¿Qué quería mi hermana María? Que escribiera un artículo en honor y homenaje de las Comendadoras del Espíritu Santo, que este año (desde abril del 23 a abril del 24) celebran con un jubileo el 825º aniversario de su fundación.
No me va a costar nada. Al revés. Me pasa siempre: escribo para saldar una deuda y, al final, mi deuda aumenta, porque el escrito había que hacerlo y yo necesitaba la delicadeza del empujón final. Sin alcanzar el nivel de mi hermana, también soy muy devoto…
Autor: Enrique García-Máiquez

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