Algo tiene el desierto, cuando Jesús, los profetas y los ermitaños lo eligen para encontrar a Dios. Puede ser un lugar de conversión. Toda la Cuaresma y su austeridad bebe de esa tradición. «La seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón», dice Dios en Oseas 2,14, expresando su deseo de encontrar al hombre, al alma.
En el desierto muchos encuentran una belleza grande y sencilla que les acerca a lo divino. Puede ser un activador de experiencias místicas, como le sucedió al cineasta Eric-Emmanuel Schmitt. De familia atea y anticlerical, se perdió 30 horas en el Sáhara. «Pensé que tendría miedo, pero no: me invadió la paz, la confianza… y la fe. «Si no me encuentran, moriré creyente, y si me encuentran, tendré que vivir creyente»». Su historia la recogió ReL aquí.
Un caso similar ha relatado ahora otro personaje ligado al mundo del cine, el actor y…
Autor: Pablo J. Ginés
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