Decía Chesterton, con su habitual genialidad, que el catolicismo es la religión del vino, la cerveza y la carne, mientras que el protestantismo parece preferir el agua, el té y las galletas secas. Algo de razón debía tener, aunque quizá se quedaba corto. Porque la diferencia entre católicos y protestantes a la hora de enfrentar los placeres cotidianos de la vida —comida, bebida y sexo— no es meramente gastronómica, sino teológica.
Para el protestante clásico, heredero espiritual de Lutero y Calvino, la sospecha hacia el placer es prácticamente una obligación. El mundo y sus deleites parecen ser una trampa diseñada por el demonio para distraer del camino recto hacia la salvación. La comida debe ser frugal, la bebida moderada hasta el extremo de la abstinencia, y el sexo… bueno, si hay que hacerlo, será con austeridad germánica, poco frecuente y con cierta…
Autor: Carlos Balén
No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
Holywins, es la alternativa al culto a los demonios que celebramos cada primero de noviembre Tal vez muchos de nosotros hemos celebrado Halloween cuando éramos niños, porque nos parecía divertido…
8 razones que explican por qué muchos católicos ni evangelizan ni se lo han planteado ni plantearán
Dwight Longenecker es un conocido sacerdote católico con amplia experiencia. Converso al catolicismo su camino hacia la Iglesia fue paulatino pues pasó de pastor fundamentalista protestante a evangélico de tipo carismático, luego…
Comulgar en la boca en época de pandemia
Te queremos compartir este artículo del Padre Ángel María Rojas, S.J. escrito en agosto del 2020, donde nos explica cómo comulgar en la boca, sobre todo, en estos tiempos de…


















